domingo, 25 de noviembre de 2007

Valores mayoritarios en nuestra sociedad

Cualquier opinión respecto a este tema es una simplificación de la realidad, no obstante si la consigue explicar en gran parte (la realidad) podemos considerar el "modelo" útil.

Básicamente pretendo jugar a ordenar cuatro aspectos o valores que se asocian a cada persona, y hasta qué punto ellos contribuyen a la valoración social. Los "valores" son: la honradez, la inteligencia, el atractivo físico y el poderío económico.

En mi opinión, el factor que en mayor medida determina la valoración social de un individuo es su poderío económico. Hay una legión de ciudadanos que admiran a cualquiera que tenga suficiente poderío económico, independientemente de cual haya sido el origen de éste. Tanto es así, que puede un rico ser: gitano, o negro, o extranjero, o feo, o imbécil, o de comportamientos poco éticos, pero por encima de esas pequeñeces tendrá la consideración social de una buena parte de la sociedad. Las pequeñeces antes mencionadas se convierten en graves condicionantes si el individuo es pobre. Podemos llegar a afirmar que lo peor que te puede pasar en esta sociedad es ser pobre.

El atractivo físico es el segundo factor en importancia en la valoración social. Es por ello que los viejos están mucho menos valorados socialmente que los jóvenes, los discapacitados menos valorados que los no discapacitados, los feos peor que los guapos, las cuarentonas peor que las veinte añeras, …. En general a mayor atractivo sexual mayor valoración social. Esto se manifiesta en que uno es capaz de “entender” con mayor grado de comprensión los “pequeños errores” cometidos por los guapos que los “insufribles e injustificables errores” de los feos.

Pasemos a la inteligencia. Entendida como la capacidad de aprender con el paso del tiempo y mejorar con ello el porcentaje de soluciones acertadas que uno va dando a la sucesión de problemas que es la vida. Bueno, pues resulta evidente que el ser inteligente o imbécil no es un factor relevante en la valoración social, o por lo menos su relevancia no tiene nada que ver con los dos aspectos o valores anteriormente señalados. Como el inteligente sea pobre y feo el panorama que se le presenta es bastante poco atractivo.

Pero todavía hay un factor menos relevante que es la honradez o el ajuste del comportamiento a patrones éticos. ¿Cuántas personas admiradas socialmente han pasado por la cárcel, o han sido imputadas judicialmente? Bastantes: Mario Conde, Paris Hilton, cantantes, bailarines, deportistas (todos ellos ricos y guapos). Eso es una pequeñez sin ninguna trascendencia desde el punto de vista de la valoración social si estas bien provisto de “pasta” o eres tremendamente “sexy”.

Por todo ello cuando frote una lámpara mágica, y se me aparezca el genio, no voy a tener ninguna duda respecto al orden de los deseos que le voy a pedir. En primer lugar, que me ingrese unos cuantos cientos de millones (de euros, por supuesto) en mi cuenta corriente. En segundo lugar, el cuerpo más sexy que disponga en ese momento. A partir de ahí, cualquier capricho que se me ocurra, puesto que lo principal lo habré obtenido.

Saludos.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Titulitis y sus consecuencias

El título universitario sigue siendo una buena herramienta de promoción social en España. No es lo mismo ser médico, arquitecto, ingeniero, etc... que no serlo. El reconocimiento y la promoción social va asociada a la formación recibida más que a la calidad del trabajo realizado. Es decir, ser médico, independientemente de su buen hacer o no, es mejor que ser carpintero, barrendero, panadero, pastelero o agricultor, por bien que realicen estos últimos su trabajo.

Como consecuencia de lo cual:

- Nadie quiere dedicarse a trabajos que no exijan titulación.
- Sólo los que tienen titulación pueden enseñar, incluso para poder ejercer o aprender oficios manuales, y no pueden aquellos que aun demostrando que realizan excelentemente su trabajo no disponen de titulación.
- El trabajo bien hecho no tiene la valoración social debida y la chapuza es mejor tolerada aquí que en cualquier otro país.

Me parece uno de los problemas más graves que tenemos aunque nadie habla de ello, y a pesar de que condicionará nuestro futuro.

El chapuza, con título o sin titulo, debiera ser despreciado socialmente mientras que el trabajo bien hecho debiera ser el factor determinante para la consideración social, independientemente de la necesidad o no de titulación para su desempeño.

Saludos.

sábado, 17 de noviembre de 2007

¿Tener, o ser pareja?, o todo lo contrario.

El porcentaje de parejas que se rompen ha aumentado últimamente. ¿Cuál puede ser la causa o causas? Debe tener algo que ver con el criterio para elegir pareja, las expectativas que supones a esa situación de pareja, y la percepción de las ventajas e inconvenientes de mantenerla.

Veamos. Respecto al criterio para elegir pareja para mí, que no ha cambiado gran cosa, sigue siendo el amor pasional (“animal”, con perdón), es decir, básicamente visual y emocional.

En cuanto a las expectativas, sí que pienso que ha habido cambios. En general, los individuos no nos consideramos, hoy en día, satisfechos respecto a nuestra situación y esperamos que la variación de vivir en pareja debe suponer un cambio “radical” a mejor. Tenemos la expectativa de “cambio de vida” y no de simple mejora.

Las ventajas e inconvenientes de mantener la pareja están condicionados por las expectativas iniciales y la insatisfacción de no haberlas logrado, lo que condiciona la tendencia a romperla hasta encontrar ese óptimo “alcanzable”.

Teóricamente, se podría mejorar la estabilidad de las parejas si:

a) El criterio para seleccionar a la pareja fuera más racional. Me explico: Una relación con una persona “conviene” cuando te ayuda a encontrar mejores soluciones a los problemas del día a día. Y no conviene cuando el mantenerla te aumenta de forma considerable la sensación de dificultad para el transcurso de la vida (te complica la vida, vamos). Realmente, esto es demasiado revolucionario y va en contra de todos los cuentos que cuentan a niños y niñas.
b) Las expectativas del cambio de situación debieran ser más realistas. Ahora las parejas se suelen formar más tarde que antes, cada uno tiene una vida previa apoyada sobre cierta experiencia. No es realista suponer que el cambio “va a ser la leche” sin ningún inconveniente, aunque sea lo que te pide el cuerpo y lo que te han contado en cuentos y películas.
c) Respecto a las ventajas y desventajas habría que entrar en muchos aspectos: económicos, sociales (esta de moda estar “separado”), por lo que nos meteremos en ello otro día.

En la práctica: nada de nada. Hay algunas asociaciones minoritarias que promueven “el reinvento de la seducción” y alguna otra iniciativa con escasísimas posibilidades de éxito dada la naturaleza humana.

Saludos.